EDITOR: MIGUEL GRINBERG


ENTREVISTA (click acá)

8 de febrero de 2011

TANGUITO – ALMA ENCANTADA, SOLEDAD SONORA



por Daniel Irigoyen, el Viernes, 28 de enero de 2011 en Facebook:

Se escuchan murmullos sobre el mártir Tango, sobre todo de gente que no ha compartido experiencias luminosas o degradantes con él, que no haya sido a través de los cómplices que lo conocieron a su manera, o los que lo hicieron como turistas desde la vereda de enfrente, llegados de familias acomodadas, atraídos tal vez por la inquietante locura profunda de los andróginos que pateábamos la calle pasados de anfetaminas, o por lo que se fueron inventando a sí mismos para fortalecer el mito de Tango Feroz, que lo vale a hierro como un sentimiento antiautoritario que nos une a unos cuantos de los que seguimos creyendo en el milagro de seguir vivos, pero no por ese engendro de película con la que astutamente trataron de representarlo y lo que periodistas aventajados siguen publicando como revisionistas de una historia inacabable, de la que siguen extrayendo hipótesis y conjeturas sensacionalistas basadas en teorías morales desclasificadoras, sobre un "cabecita" que se planchaba el pelo para ser aceptado.

Anécdota más, anécdota menos, estoy a favor de la literatura que investiga desde la verdad y que golpéa en la panza. Pero en nuestras sociedades de mercado, los libros con profundidad alegórica verbalmente brillantes no se publican, haciendo que las verdades y las dudas se confundan en un abrazo que tiene más que ver con el negocio especulativo de manufacturadores de bestsellers, que con un tratado ético-estético-cultural-místico-socio-político que marcó a fuego toda una época.

En todo caso se siente el amor infundado al personaje. Aunque muchos lo hayan idealizado sin tener mucho en cuenta los verdaderos significados existenciales de su paso por la vida, y no les importa demasiado, ya que un mito no necesita explicaciones.

Es humano que los que vivimos en ciudades, mitifiquemos a un muerto levantando su alma noble desde un mundo donde mayoritariamente impera la estupidez de los poderosos, fundamentalmente desde la publicidad, que es el verdadero poder político, unitario, colosal, que controla las conciencias, esa contradictoria hipocresía del sistema donde nadie se salva de caer en la mentira, aunque todos querramos aparecer siempre como buenas personas. Un tema álgido en el que hablar con el verdadero nombre de las cosas, nunca fue algo llevadero desde aquellos ´60s hasta el presente, por lo que nos fuimos a costumbrando de a poquito en cuerpo y mente a aceptar la injusticia con la naturalidad de quién se sienta en el retrete a hacer lo suyo. Una intimidad que nos une a todos por lo que somos y que por suerte también contribuye para que sigamos leyendo algún libro interesante.

Por ahí siento que entre los que idolatran a Tango, hay gente sensible que podrá intuír tal vez el infierno de los otros, pero aunque se lo imaginen, no llegan a entender el caos laberíntico que la mente de un marginado puede experimentar a través de la perdición y la miseria, viviendo a full su propia muerte anunciada e irreversible, por pérdida de conciencia, amnesia, daños renales, su pleura, problemas hepáticos y musculares por rotura o lesión del tejido cerebral, causado por sustancias psicoactivas que Tango se fue metiendo de a poco de los cómplices que se la pasaban, al mismo tiempo en que tenía que confrontarse a quemarropa a una sociedad racista y puritana de porteños atragantados con su propia vanidad, los mismos que cumpliendo con el deber sagrado a las instituciones, le dieron electroshocks en el Borda, terminando con lo último que le quedaba de integridad si es que le quedaba algún vestigio antes de caer a las vías de Puente Pacífico, pero garantizándole el ticket de ida que lo liberó definitivamente del infierno en el que estaba metido.

El que no ha nacido en una casa pobre de ladrillo y cartón, ni ha tenido experiencias fuertes con drogas teniendo que vivir al márgen del infierno más temido, o ha tendo que renacer de las cenizas en lo que le ha quedado de cuerpo, difícil que pueda ser objetivo a la hora de atar cabos con la vida, obra y muerte de Tanguito. Además hay que tener en cuenta que aunque nos consideremos ésto o aquello y creamos que obtendremos las respuestas que nos produjo lo que hemos recibido de la vida, es imposible entenderlo todo como un profesor. Podemos tener una visión romántica y aproximada de lo que él fue como músico y como persona, una fotito pero nada más. La historia nos enseña que las cosas son fugaces y frágiles y que hay que estar muy atentos para poder mantenerlas. Por eso con el correr de los años, Tango se fue transformando en muchos Tanguitos.

El que no ha tenido una experiencia de relación cuerpo a cuerpo o cuerpo a mente con el speed de la bencedrina, ansiolíticos, benzodiacepinas y barbitúricos en fantástico cóctel tercer mundo y no sabe del síndrome de abstinencia que puede sufrir un tipo que fue perdiendo poco a poco todo, incluyendo su personalidad, que se compensa con nitritos (poppers) o òxido nitroso, o lo que venga con tal de no usar la razón en función del tiempo lineál, no puede imaginarse una crueldad semejante en una mente extraviada. Además dentro de los fármacos hubo variantes de opiaceos que complicaron aún más su comportamiento irracional y suicida, que al contrario de los speedicos, te va destrozando metódicamente las neuronas que ya no volverán a reproducirse nunca más y con ello el sentimiento innato de escoger o decidir. No creo que Tango haya tenido acceso a la coca, que es la droga del demonio, porque te hace creer falsamente que eres omnipotente, pero que en realidad te vuelve esclavo, tal vez sí a la sal de anfeta que se habrá picado antes de entrar al Borda, pero a la coca que te aligeraba el cuerpo y el espíritu y te hacía creer el gran centauro, sólo tenían acceso los caqueros del barrio norte y los mafiosos criminales de seguridad personal (algunos de los cuales pasaron después a formar la Triple A).

Por ser una droga de ricos, Tango zafó de la blanca, aunque algún trip LSD se debe haber zampado durante los años luminosos ´67 y´68, la paranoia psicotrópica como le decíamos, con el que se podía tener un buen o mal viaje, y cuyos efectos siempre eran impredecibles. Dependía de la cantidad ingerida; la personalidad, el estado de ánimo y las expectativas del que se tripeaba; y naturalmente el medio ambiente en el que se estaba .. Nunca me tripié con Tango, asi que desconozco sus experiencias con la droga de los verdaderos voladores. Lo que lo distinguía de la yerba era de que las sensaciones y los sentimientos cambiaban mucho más drásticamente que los signos físicos. Sintiendo distintas emociones a la vez o pasando rápido de una emoción a otra, con una situación de misterio y a la vez de extrema confianza con la propia alma.

Creo, que por respeto a su alma, habría que dejar ya de especular sobre su triste muerte. Creo que su alma se merece algo mucho más noble. Para mí se lo debería recordar fundamentalmente por haber estado SIEMPRE en contra de CUALQUIER AUTORIDAD y por inconformista, más allá de que se haya equivocado en la elección de saber quienes eran verdaderamente sus amigos.

Ahora el mismo sistema que lo patió y reprimió por paria, habla de él en nombre de la LIBERTAD.

Fenómeno dualista del ser humano que se falséa tal vez por temor a perder figuración en nombre de las viejas verdades y certezas del corazón (las universales).

Se habla en nombre de la verdad y por la verdad, aunque no todos luchemos JUNTOS por la solidaridad y la justicia, ya que cada uno anda con su kiosquito moral a cuestas, pero por lo menos lo intentamos y eso es lo que cuenta, aunque casi siempre, por aquello de que nadie escucha a nadie, casi siempre terminemos hablando boludeces.

Aunque este facebook nos haga creer que tenemos la posta de la felicidad por este increíble intercambio de contactos o de amistad virtual a la velocidad de un parpadeo y en donde la comunicación-información es cada vez más compleja y arbitraria, seguimos viviendo en un estado de sistema hipócrita que niega la sinceridad y obliga a la máscara.

La propaganda del miedo sigue ahí afuera, en la calle, tal vez en el mismo empedrado que alguna vez pateamos juntos con Tanguito.

© www.danielirigoyen.com



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