EDITOR: MIGUEL GRINBERG


ENTREVISTA (click acá)

14 de agosto de 2009

http://eloficiodegraziano.blogspot.com/

CANCIONISTAS: del Río de la Plata

Desde hace un par de años, Graziano viene asistiendo al nacimiento y desarrollo de una escena. Hay quienes aseguran que estaría tramando un libro sobre el asunto, y no sería para nada extraño. El título tentativo que circula es, justamente, Cancionistas del Río de la Plata. En esta ocasión, armó una nota para la revista Rumbos alrededor de Pablo Dacal, Tomi Lebrero, Jano Seitún (aka Alvy Singer) y Pablo Grinjot. Las imágenes pertenecen a Lula Bauer, acaso la fotógrafa que mejor y más de cerca retrata los fervores de esta generación. Se publicó hacia fines de 2008.


LA ERA DEL SONIDO
Entre la trova popular y los saberes académicos, una generación de músicos busca una nueva forma de expresarse. Trascendiendo el rock, los estilos puros y las tecnologías, esta es la música del nuevo siglo.

Por Martín E. Graziano

Esto no es noticia, pero no está de más apuntarlo desde el comienzo. Algo bueno está pasando en la música popular argentina. En nuestro país, durante mucho tiempo tanto el rock, el tango como el jazz y el folklore establecieron distancias, amén de algunas uniones fructíferas y a diferencia del Brasil o del Uruguay, donde todo se fusionó muy rápida y saludablemente dando lugar a la MPB (Música Popular Brasilera) o al Canto Popular uruguayo.
Aquí y ahora, de a poco y al margen de los grandes medios y los festivales sponsoreados, algunos músicos locales vienen dando forma a una nueva cancionística, de sensibilidad popular y factura artesanal. Inequívocamente regional y permeable a todos esos géneros, cantándole a estos tiempos que corren en donde el rock parece haberse transformado en el nuevo Club del Clan.
Dentro de esta nueva cancionística conviven muchas estéticas. Sin embargo, un grupo de artistas ha elegido un camino similar: se trata de algunos cantautores que, a la manera de las orquestas típicas de la primera mitad del siglo pasado, eligieron acompañarse por ensambles acústicos. Nada de electricidad. Hablamos de músicos educados en conservatorios y, a su vez, trajinados emocionalmente en los circuitos de música popular. Es decir, gente que sabe de arreglos y partituras y, no por eso, deja de tener como referentes a Yupanqui, Brassens, Charly García, Eduardo Mateo o Carlos Gardel.
Uno de ellos es Pablo Grinjot, que desde el 2003 comenzó a patear escenarios al frente de su orquesta, la Ludwig Van. Alguna vez, revisando una agenda de conciertos, se encontró con otro Pablo al frente de otra orquesta. “Teníamos la posibilidad de enfrentarnos o de amigarnos –dice Pablo Dacal, líder de la Orquesta de Salón-. Decidimos amigarnos”.
Paralelamente, dos viejos amigos habían investigado por senderos similares, cada uno por su lado. Así Tomi Lebrero formaba su Puchero Misterioso y Jano Seitún se rebautizaba como Alvy Singer para armar su propia Big Band. “En el caso de Jano, yo estaba dentro de la cocina y viceversa –recuerda Tomi-. Pero cuando vi en vivo las orquestas de Dacal y Grinjot me impactaron muchísimo. Como decimos nosotros, se nos generó una responsabilidad”.
Al poco tiempo, los cauces se fueron encontrando y decidieron cristalizar la unión con un Ciclo de Cantautores con Orquesta, realizado en el 2005 en el teatro Margarita Xirgu y repetido dos años más tarde en el IFT. La elección de teatros no era en absoluto casual, pues desde el vamos los artistas privilegiaron los matices de sus composiciones y la menor cantidad de amplificación posible. O sea, mientras menos micrófonos, mejor.
“Primero hicimos aquel ciclo juntos, que fue la excusa para conocernos –se sincera Grinjot-. Después armamos la revista Inalámbrica, que fue casi un manifiesto. Y al final todo eso derivó en algo mucho más valioso que es la amistad, porque la verdad es que si algo somos es amigos. Y ha sido una ganancia muy importante”.

LAS ORQUESTAS
Veamos. Más allá de los evidentes puntos de contacto en el formato canción, las propuestas tienen personalidades disímiles. Pablo Dacal apela a los chansoniers y al cabaret alemán de entreguerras para delinear su propia mirada sobre el asunto, que él mismo prefiere llamar ‘expresionista’. Alvy Singer pone el acento en el swing, emparentando su propuesta con el hot-jazz y el fox-trot. En el caso de Grinjot, su Ludwig Van es una variación de cámara sobre la milonga y los ritmos rioplatenses y, con su bandoneón, Lebrero empuja inevitablemente hacia el primer tango, aunque el Puchero Misterioso no tema meterse hasta en el hip-hop y la murga con un sostenido aliento humorístico.
Desde luego, las distancias estilísticas pueden ser una ilusión y, a fin de cuentas, sus músicas están en permanente búsqueda. “Ni siquiera es que no nos interesan los géneros puros –dice Singer-. Directamente no podríamos abordarlos, porque no sería honesto. En todo caso, nos interesa despertar cierta curiosidad en el que escucha. Ciertas ganas de comprarse un disco de la gente a la que nosotros estamos mirando, como el Cuchi Leguizamón o Fernando Cabrera o el que sea”.
En las propuestas de cada uno, se impone entonces una composición honesta –donde entra más en juego el bagaje popular- y una orquestación laboriosa y detallista. Pablo Grinjot, que como casi todos pasó por la docencia y fue músico de orquestas clásicas, observa: “la academia te nutre de elementos quizás más complejos, y es típico del recién egresado ser muy rebuscado en el lenguaje. Tal vez es una falta de poder de síntesis, a lo mejor alentada por el exhibicionismo. Finalmente uno debe encontrar que todo eso que quiso aprender tiene un fin más noble: la creación”.
En el anhelo de Dacal, Lebrero, Grinjot y Seitún late, sobre todo, la idea de poder articular los sentimientos de su generación. De las personas que tienen una sensibilidad parecida y quedan por fuera de las agendas juveniles. No es arriesgado observar que, justamente, por estar en los intersticios de varios géneros no encuentran cabida en los medios. O por no vestirse de tal o cual manera. “En realidad, es una tribu –asegura Dacal-, pero nadie le puede poner nombre porque no nos teñimos el pelo de negro. ¡Capaz que nos falta un diseñador!”.

ASESINATO DEL ROCK
El año pasado, en la Biblioteca Nacional, se realizó la demorada 2º edición del ciclo Aquí, allá y en todas partes. Habían pasado más de 40 años de la primera versión, en donde se habían reunido los fundadores del rock argentino. Esta vez, en lugar de unir a Nebbia, Lernoud, Javier Martinez, Del Guercio y otros pioneros con los actuales dueños de la corona rockera, se invitó a artistas como Pablo Dacal y Grinjot, entre otros representantes de la nueva cancionística. En esa oportunidad, Dacal leyó un alegato titulado “Asesinato del Rock”, que comenzaba diciendo generacionalmente: “el rock ya no nos representa”. El mítico periodista Miguel Grinberg decidió adjuntarlo a la última edición de Como vino la mano, un libro cabal para entender el comienzo y desarrollo del rock en Argentina. “No sé qué nombre puede llegar a tener, pero está aflorando una nueva música hecha por una generación que nació bajo el influjo del rock, pero que lo trasciende –dijo Grinberg en una entrevista reciente-. Chicos que se permiten instrumentar temas para 12, 13, 15 músicos. Se está incubando la música de ahora, que no es una versión de la música de los ’60, ’70 u ’80”.
Con aquel manifiesto, Dacal parecía estar sugiriendo el cierre de un círculo y, quizás, la apertura de otro. “Me interesa pensarnos como rupturistas –afirma Pablo-. Igual me parece que estamos recién en el albor de algo, porque todavía no lo veo conformado. Creo que, en todo caso, lo mejor son los próximos diez años”.
Si bien todos reivindican a artistas provenientes del rock, ninguno se considera rockero como quien se pone una camiseta. En mayor o menor medida, tanto Lebrero y Dacal, como Singer y Grinjot absorbieron su cultura por gravitar en su área de influencia o por mero gusto y placer. Sin embargo, alejados del estereotipo de celebridad saturada que señaló Peter Capusotto con su personaje Pomelo, y en batalla contra los egos –comparten escenarios, canciones, y músicos-, parecen ubicarse voluntariamente por fuera. “Nosotros por ahí nos ponemos en una posición radical y nuestra propuesta refuta algunas verdades del rock –se anima Grinjot-. Como por ejemplo el impacto del volumen, aunque todos hayamos disfrutado de bailar en una fiesta o escuchar fuerte en una reunión”.
Hacia el final, Dacal vuelve a tomar la palabra: “esta es música del nuevo siglo. Nosotros miramos el rock, pero nuestra visión es, si se quiere, mucho más federalista y abarca todo el país y la región. Miramos a Atahualpa, al tango y a Oscar Alemán… porque ¿cómo puede ser qué estemos presos de un término y no poder salir para otro lado? Es verdad, el rock fue una ruptura social muy importante: se sacaron la gomina, se empezaron a vestir con colores. Pero ahora, que ya todos tenemos colores y nadie usa gomina ¿para dónde habría que ir?”. Eso, ¿para dónde?


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